La persona mediadora en procesos con menores en contextos de alta conflictividad matrimonial: fundamentos, competencias y retos éticos 

Por Jordi Casajoana

La mediación familiar se ha consolidado como un instrumento esencial para la gestión de conflictos en el ámbito de las relaciones familiares, especialmente cuando existen menores implicados. En situaciones de alta conflictividad matrimonial, la intervención mediadora adquiere una complejidad añadida: no solo se trata de facilitar acuerdos, sino de proteger la estabilidad emocional del menor, garantizar su derecho a ser escuchado y evitar que quede atrapado en dinámicas de lealtades divididas. 

Diversos autores han subrayado que la mediación con menores requiere una aproximación específica, basada en la ética del cuidado, la escucha activa y la comprensión profunda de las dinámicas familiares (Folger & Bush, 2014; Haynes, 2017). Asimismo, organismos internacionales como el Consejo de Europa (Recomendación CM/Rec(2010)15) insisten en que la participación del menor debe ser voluntaria, informada y adaptada a su nivel de madurez. 

image

2. El menor como sujeto de derecho: marco normativo y conceptual 

El reconocimiento del menor como sujeto de derecho constituye uno de los pilares de la intervención mediadora. La Convención sobre los Derechos del Niño (1989) establece en su artículo 12 el derecho del menor a expresar su opinión en todos los asuntos que le afecten, y a que esta sea tenida en cuenta en función de su edad y madurez. 

En el ámbito español, la Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del Menor y la Ley 26/2015 refuerzan este principio, subrayando la necesidad de garantizar la participación del menor en los procedimientos que le conciernen. Sin olvidar la reforma más recinte de la Ley Orgánica 8/2021, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia (LOPIVI). 

Sin embargo, en contextos de alta conflictividad matrimonial, este derecho puede verse distorsionado por presiones explícitas o implícitas, discursos contradictorios, expectativas parentales o dinámicas de manipulación emocional. Por ello, la persona mediadora debe situar al menor en el centro del proceso, pero sin convertirlo en un instrumento probatorio ni en un árbitro del conflicto. 

image 1

 3. El rol de la persona mediadora en alta conflictividad matrimonial 

La literatura especializada coincide en que la mediación en alta conflictividad requiere un rol más estructurado, técnico y consciente de los riesgos (Irving & Benjamin, 2002; Kelly, 2004). 

Las principales claves para ello, lo que denomino el A,B,C y D que un mediador/a debe saber al trabajar dentro dels sistema de protección de infància y adolescencia: 

A. Crear un espacio seguro 

El mediador debe garantizar un entorno donde los progenitores puedan comunicarse sin agresividad y donde el menor —si participa— pueda expresarse sin miedo ni presión. 

B. Regular la comunicación 

En conflictos intensos, la comunicación suele estar dominada por reproches y narrativas rígidas. El mediador actúa como regulador del clima emocional, ayudando a transformar la conversación en un diálogo funcional. 

C. Mantener la neutralidad 

La neutralidad en alta conflictividad es una neutralidad activa: implica intervenir para equilibrar, no para igualar artificialmente posiciones. 

D. Proteger al menor 

La protección del menor es transversal: desde la preparación de la entrevista hasta la gestión de la información que aporta. 

image 2

 4. Competencias específicas de la persona mediadora 

Mi experiència a lo largo de los años en el mundo  de la mediación y dentro del sistema de protecció de menores me lleva  hablar de 4 tipos de competència especificas de la persona mediadora, tales como: 

A. Competencias emocionales 

  • Regulación emocional 
  • Empatía sin sobreimplicación 
  • Capacidad de sostener el conflicto 

B. Competencias técnicas 

  • Adaptación del lenguaje al nivel evolutivo del menor 
  • Preparación de entrevistas individuales 
  • Lectura del contexto familiar 
  • Identificación de señales de riesgo 

C. Competencias éticas 

  • Confidencialidad adaptada al marco legal 
  • No instrumentalización del menor 
  • Respeto al ritmo del menor 
  • Claridad en los límites del rol 

D. Competencias jurídicas 

Conocer el marco normativo sin convertir la mediación en un espacio judicializado. 

5. La participación del menor: criterios y límites 

La participación del menor debe ser: 

  • voluntaria, 
  • informada, 
  • adaptada a su edad, 
  • y orientada a escuchar, no a decidir. 

La literatura advierte del riesgo de convertir al menor en “informante” o en “portavoz” de uno de los progenitores (Saposnek, 1998). El objetivo es comprender cómo vive la situación, no obtener información para resolver el conflicto. 

6. Buenas prácticas en alta conflictividad 

Mi experiència de más de 20 años en el sistema protector de infància y adolescència me permiten  explicar aquellas que considero las más importantes , tales como: 

A. Preparar cada sesión con antelación 

La planificación previa permite anticipar dinámicas, ajustar el encuadre y prever posibles escaladas. En alta conflictividad, esto incluye: 

  • Revisar antecedentes judiciales o administrativos si están disponibles. 
  • Identificar temas sensibles que puedan generar bloqueos. 
  • Diseñar estrategias de regulación emocional (pausas, reformulación, encuadres protectores). 
  • Decidir si conviene realizar sesiones individuales previas. 

B. Establecer reglas claras de comunicación 

Las reglas no son meramente formales: son herramientas de contención. En alta conflictividad, deben ser explícitas, firmes y recordadas en cada sesión: 

  • No interrupciones. 
  • No descalificaciones personales. 
  • Uso de lenguaje respetuoso. 
  • Focalización en el presente y en las necesidades del menor. 

C. Validar emociones sin reforzar narrativas destructivas 

La validación emocional no implica dar la razón. Es reconocer el impacto subjetivo sin alimentar la polarización: 

  • “Entiendo que te sientas frustrado por lo que ocurrió.” 
  • “Veo que esto te genera mucha inseguridad como madre.” 

Pero evitando frases que refuercen la narrativa de víctima o culpable: 

  • No: “Es normal que estés enfadado, ella siempre te ha excluido.” 
  • Sí: “Es comprensible que te afecte, trabajaremos para que ambos os sintáis incluidos.” 

D. Trabajar la corresponsabilidad parental 

En alta conflictividad, los progenitores tienden a competir por legitimidad. La mediación debe: 

  • Reforzar el rol compartido como cuidadores. 
  • Despersonalizar el conflicto (“no es entre vosotros, es sobre cómo cuidar mejor”). 
  • Introducir el concepto de “equipo parental” aunque no haya relación afectiva. 

E. Proteger al menor de cualquier presión 

Esto incluye: 

  • No compartir con el menor el contenido de las sesiones. 
  • No usar su testimonio como argumento. 
  • No colocarlo en dilemas de lealtad “¿con quién quieres vivir?”. 
  • No permitir que los progenitores lo usen como mensajero o confidente. 

F. Introducir pausas cuando la tensión aumenta 

La pausa no es una interrupción, sino una herramienta de regulación: 

  • Permite respirar, reflexionar y evitar la escalada. 
  • Puede ser física (salir de la sala) o simbólica (cambiar de tema, reformular). 
  • Debe estar prevista como recurso legítimo, no como sanción. 

G. Reforzar que el menor no es responsable del conflicto ni del acuerdo 

Este mensaje debe ser repetido, explícito y adaptado a su edad: 

  • “No tienes que decidir nada.” 
  • “Tus padres están trabajando para que tú estés bien.” 
  • “Tu opinión es importante, pero no tienes que elegir.” 

7. Errores frecuentes en mediación con menores en alta conflictividad: 

Finalmente también me gustaria detallar aquellos errores más freqüentes que un professional puede incurrir llevando esta tipologia de mediaciones, tales como: 

A. Convertir al menor en informante 

Uno de los errores más graves es utilizar al menor como fuente de información para validar o refutar las versiones de los progenitores. Esto lo coloca en una posición de riesgo emocional, lo expone a lealtades divididas y puede generar culpa o ansiedad. 

Ejemplo erróneo: “¿Es cierto que tu madre te grita cuando estás con ella?” 
 

Alternativa ética: “¿Cómo te sientes cuando estás en casa de tu madre?” 

En conclusión: El objetivo no es obtener datos, sino comprender cómo el menor vive la situación. 

B. Permitir que los progenitores utilicen la mediación para reforzar su posición 

En alta conflictividad, los adultos pueden instrumentalizar el espacio mediador para reafirmar su relato, obtener ventaja o presionar al otro. Si el mediador no regula esta dinámica, la mediación se convierte en una extensión del conflicto. 

Ejemplo erróneo: Permitir que uno de los progenitores traiga documentos, grabaciones  

Alternativa ética: Recentrar el diálogo en las necesidades del menor y en la corresponsabilidad parental. 

En conclusión:: La mediación no es un juicio ni un espacio probatorio. 

C. Confundir escucha con interrogatorio 

Escuchar al menor no significa interrogarlo. Las preguntas deben ser abiertas, respetuosas y adaptadas a su nivel evolutivo. Un interrogatorio puede generar ansiedad, retraimiento o respuestas condicionadas. 

Ejemplo erróneo: “¿Qué te dijo tu padre cuando te llevó al colegio?” 
Alternativa ética: “¿Cómo te sientes cuando te acompaña tu padre al colegio?” 

En conclusión: La escucha debe ser empática, no inquisitiva. 

D. Prometer resultados que no dependen del mediador 

En contextos de alta conflictividad, los participantes pueden tener expectativas irreales. Prometer acuerdos, cambios o decisiones judiciales genera frustración y desconfianza. 

 Ejemplo erróneo: “Si colaboráis, seguro que el juez os dará la custodia compartida.” 
Alternativa ética: “La mediación puede ayudaros a construir acuerdos, pero las decisiones judiciales dependen de otros factores.” 

En conclusión: Criterio profesional: Claridad en los límites del rol y en el alcance del proceso. 

E. Forzar la participación del menor 

La participación del menor debe ser voluntaria, informada y adaptada. Forzarlo a asistir, hablar o decidir puede generar rechazo, retraimiento o sobrecarga emocional. 

Ejemplo erróneo: “Tu hijo tiene que venir a la próxima sesión, es obligatorio.” 
Alternativa ética: “Le explicaremos el proceso y le ofreceremos participar si se siente cómodo.” 

En conclusión;: El menor tiene derecho a ser escuchado, no la obligación de participar. 

F. Minimizar señales de riesgo emocional 

En alta conflictividad, pueden aparecer indicadores de sufrimiento emocional en el menor: ansiedad, somatizaciones, discurso confuso, evitación, hiperresponsabilidad. Ignorar estos signos por centrarse en el acuerdo es una negligencia profesional. 

 Ejemplo erróneo: “Está nervioso, pero es normal en estos casos.” 
Alternativa ética: “Detectamos signos de malestar que requieren atención especializada. Lo derivaremos si es necesario.” 

En conlusión: La protección del menor está por encima del objetivo de acuerdo. 

8. Conclusión 

La mediación en procesos con menores inmersos en contextos de alta conflictividad matrimonial exige una combinación especialmente delicada de sensibilidad, técnica y ética profesional. No basta con dominar herramientas comunicativas o metodológicas: la persona mediadora debe ser capaz de leer el clima emocional, anticipar riesgos, modular tensiones y sostener un espacio seguro donde las voces adultas puedan reorganizarse sin invadir ni instrumentalizar la vivencia del menor. 

En estos escenarios, el mediador actúa como un regulador del conflicto, no como un juez ni como un terapeuta. Su función consiste en contener sin reprimir, acompañar sin dirigir, y facilitar sin sustituir la responsabilidad de los progenitores. Esto implica un equilibrio complejo: escuchar sin juzgar, intervenir sin imponer, y proteger al menor sin sobreexponerlo a dinámicas que no le corresponden. La neutralidad, lejos de ser pasividad, se convierte en una neutralidad activa, orientada a equilibrar posiciones, desactivar narrativas destructivas y recentrar el proceso en el bienestar del menor. 

En última instancia, mediar con menores no es simplemente facilitar acuerdos parentales. Es acompañar a las familias en un momento de vulnerabilidad, ayudarlas a reconstruir un marco de cooperación mínima y garantizar que el menor pueda transitar el conflicto sin cargar con responsabilidades que exceden su desarrollo emocional. La mediación ofrece un espacio donde la voz del menor puede ser escuchada con respeto y cuidado, sin convertirlo en árbitro ni en mensajero, y donde los adultos pueden reencontrarse con su rol parental más allá del litigio. 

La calidad de la intervención mediadora no se mide únicamente por la firma de un acuerdo, sino por la capacidad de generar procesos más seguros, más conscientes y más respetuosos con los derechos del menor. En contextos de alta conflictividad, esta misión se vuelve aún más crucial: la mediación se convierte en un puente entre el conflicto y la protección, entre la ruptura y la responsabilidad, entre el dolor y la posibilidad de construir un futuro más estable para los hijos. 

Bibliografía: 

Folger, J., & Bush, R. A. B. (2014). The Promise of Mediation. Jossey-Bass. 
Haynes, J. (2017). Mediación familiar: principios y práctica. Paidós. 
Irving, H., & Benjamin, M. (2002). Family Mediation: Contemporary Issues. Sage. 
Kelly, J. (2004). Family mediation research: Is there empirical support for the field? Conflict Resolution Quarterly, 22(1). 
Saposnek, D. (1998). Mediation with Children. Jossey-Bass. 
Consejo de Europa (2010). Recomendación CM/Rec(2010)15. 
Naciones Unidas (1989). Convención sobre los Derechos del Niño

Casajoana J. (2017)“El professional de la Mediación”. Diario la Ley., Editorial Wolters Kluwer  

Deja un comentario