LA NECESIDAD DE CONVERSAR EN LA MEDIACIÓN 

Por Javier Alés

 

Tenemos que saber diferenciar ante la existencia de un conflicto y nuestra atención desde la mediación, entre comunicar y conversar. Hablamos tanto de comunicación, de escucha activa, de empatía, que nos olvidamos de lo más sencillo: saber conversar. 

La conversación es una palabra casi denostada, por simple, ante la falta de comunicación que traen las personas enfrentadas, a la mesa de negociación y me gustaría reivindicar esta palabra, este concepto y su sentido útil. 

Hemos de tener en cuenta que las personas que acuden a nuestro servicio, de alguna forma, rompieron su comunicación, ya no se hablan, no se miran a la cara, es más lo intentaron, pero no fue posible. Y tenemos que ser conscientes que antes, mucho antes, de pensar en una salida, un posible acuerdo o un reconocimiento de una a otra parte de su asertividad, debemos potenciar la conversación. 

Conversar, querido lector, es comunicar en ambas direcciones. La diferencia entre conversar y comunicar no es una consecuencia del conflicto. En realidad, es algo que ha funcionado siempre porque es sentido común, pero hasta ahora no nos hemos dado cuenta. Poner sentido común en un proceso de mediación se antoja fundamental. 

La comunicación es unidireccional. El objetivo es “impactar” al observador 

Sin embargo, conversar es permitir una comunicación en dos direcciones. Es escuchar y hablar. Es empatía y asertividad. Es intercambio de ideas, escucha activa y lenguaje verbal y no verbal y de ello debemos cuidar la conversación entre las partes. Contiene elementos de pasión, de exteriorización de sentimientos, de reproche, pero también porque no, de cercanía y humor.   

Hay conversaciones que nos llenan, que abren posibilidades dentro del conflicto y otras que nos dejan vacíos, que demuestran que todavía están muy lejos de ver el final del túnel. Por eso, a la hora de conversar en una mediación debemos valorar lo que nos puede ofrecer: 

Unas veces, una conversación superficial, no puede ayudar a ver la actitud con la que acuden al proceso, mientras que otras, hablar de los otros o de la otra persona, supone una sofisticación que a buen seguro buscará posicionarse ante el problema y por qué no, colonizar al mediador. 

Si conversamos sobre nuestras ideas, produce un efecto espejo que hará que la otra parte se posicione también y pueda referirse a los sentimientos o incluso de como deberían ser las cosas. 

Pero el nivel quizás más importante de una conversación, es el que nos lleva a compartir sentimientos. Es el nivel más avanzado, pues se habla de lo que se siente, se escucha y se intenta entender de la otra parte. Es lo que nos llevará a la reconstrucción de las relaciones y por tanto, estaremos preparados para buscar soluciones al conflicto 

Por eso, si una conversación es vista como un intercambio de ideas, opiniones o diálogo acerca de un conflicto surgido entre los intervinientes en la misma, es imprescindible para la comunicación entre las personas, ya que en torno a ellas suelen girar las relaciones interpersonales.   

También he de decir que, en mediación, la conversación debe tender a ser “formal”, es decir, regida por unas reglas concretas, siendo importante en este sentido tener presente en qué contexto y situación se va a desarrollar y con qué propósito, así como también es importante saber que una conversación formal suele llevarse a cabo de una manera más estructurada que la conversación coloquial. Trabajemos que dentro de la flexibilidad, todo está perfectamente estructurado. 

En este estilo de conversación se trabajan diálogos ya preparados y definidos previamente, es decir, que incluso las preguntas que hace el mediador, están perfectamente definidas y preparadas previamente. Son conversaciones que se crean para obtener avanzar en una negociación, conseguir algún resultado en específico, que les permita ver luz al final del túnel. 

Todos los detalles del diálogo dentro de una conversación estructurada están planeados para encontrar un efecto deseado en los participantes y se ven influenciados por los niveles de la oratoria. Para que realmente tenga éxito la conferencia el interlocutor debe tomar en cuenta el ambiente y el contexto donde se lleve a cabo el discurso para que los resultados sean positivos. 

Si lo hemos conseguido, podemos pensar que, a buen seguro, que han surgido temas de carácter emocional, posicional, incluso transaccional, de las posturas mostradas. 

Por eso siguiendo a una gran mediadora como es la portorriqueña Sonia Navarro, me atrevería a decir, que de estas conversaciones de diferentes tipos, en un proceso de mediación, tenemos que conseguir llegar a la “Conversación Transformacional”. 

Según Navarro, “la Conversaciones transformacionales son conversaciones de creación.  Involucran un grado alto de compartir, descubrir e integrarse a una idea, a una acción congruente a una dimensión diferente” 

Si verdaderamente conseguimos ese nivel de conversación, a buen Seguro el acuerdo está muy cerca, pues será consecuencia de preguntas y respuestas resueltas de forma bidireccional y que han sido compartidas. 

Comuniquemos, preguntemos, escuchemos, empaticemos, pero sobre todo CONVERSEMOS. 

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