Responsabilidad colectiva en la Mediación

¿Qué estamos dejando de hacer todos? Hacia una verdadera corresponsabilidad en la mediación.

Hay palabras que repetimos como mantras —interés superior del menor, protección, coordinación, parentalidad responsable— pero que, en la práctica, se convierten en decorado institucional. Suena bien. Queda bien. Pero no cambia nada. 

La verdad incómoda es esta: cuando un menor queda atrapado en un conflicto de alta intensidad, no falla una persona. Falla un sistema entero. 

El deporte nacional és pasarse la pelota. En los casos difíciles, cada profesional tiene un refugio perfecto: 

“Esto le corresponde al juzgado.” 

“Esto es cosa de servicios sociales.” 

“Esto lo decidirá el psicólogo/ga.” 

“Esto lo resolverá la mediación. 

” Esto lo arreglarán los abogados/das.” 

Y mientras todos se protegen, el menor queda desprotegido. La responsabilidad colectiva empieza cuando dejamos de jugar al “esto no es mío” y aceptamos que si un niño sufre, es de todos

La mediación en alta conflictividad no es un requisito previo ni un formalismo. Es un espacio donde se ve —sin filtros— lo que el sistema no quiere mirar: 

  • progenitores desbordados, 
  • narrativas destructivas, 
  • menores atrapados en medio, 
  • profesionales que llegan tarde, 
  • decisiones que se toman por inercia. 

La mediación no arregla milagrosamente, pero revela. Y lo que revela incomoda. 

Por eso algunos prefieren evitarla. 

Todos hablamos de ética profesional. Pero la ética real no está en los códigos, sino en las decisiones difíciles: 

  • decir “no” cuando todos quieren un “sí”, 
  • parar un proceso aunque genere enfado, 
  • no permitir que un menor sea usado como argumento, 
  • no acelerar un procedimiento solo para “quitarse el caso de encima”. 

La ética no es un discurso. No es un powerpoint. Es un límite. 

Y en alta conflictividad, poner límites salva a los menores

El sistema no falla por falta de recursos: falla por falta de coraje Recursos faltan, sí. Pero lo que más falta es valentía profesional

  • valentía para coordinarse, 
  • valentía para incomodar, 
  • valentía para decir lo que nadie quiere oír, 
  • valentía para asumir que solos no podemos. 

La responsabilidad colectiva no es un concepto amable. Es un desafío directo: ¿estamos dispuestos a hacer lo que toca, aunque no sea cómodo? 

Lo que realmente protege a un menor .No es un informe brillante. No es una sentencia impecable. No es una mediación perfecta. No es un protocolo nuevo.No es un cambio de nombre de una institución. 

Lo que protege a un menor es la coherencia del sistema. La suma de decisiones valientes. La capacidad de cada profesional de mirar más allá de su despacho. La voluntad de no dejar que el conflicto adulto colonice la vida del niño. 

En alta conflictividad, no basta con ser buen profesional. Eso es lo mínimo. 

Lo que marca la diferencia es ser corresponsable. Y eso implica dejar de mirar hacia otro lado, dejar de proteger parcelas y empezar a proteger a quien realmente importa. 

Porque cuando un menor está en juego, la pregunta no es: “¿Qué me toca hacer a mí?” sino: “¿Qué estamos dejando de hacer todos?” 

Por: Jordi Casajoana Feliu 

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