Como la interferencia parental alimenta el maltrato infantil

Antes de adentrarnos en la relación compleja que existe entre la interferencia parental y el maltrato infantil, es necesario conceptualizar ambos términos para llegar a comprender su alcance y el impacto devastador que tiene en los menores que son víctimas de esta situación.

Por un lado, cuando hablamos de interferencia parental nos referimos a las conductas por parte de un progenitor que obstaculizan o interfieren negativamente en la relación del menor con el otro progenitor. No se manifiesta de una única manera, sino que puede manifestarse de distintas formas, entre las que están, dificultar el contacto y la relación del hijo con el otro progenitor, denigrar al otro progenitor o incluso manipular la percepción que tienen los hijos sobre la figura del otro progenitor.

Los menores se ven inmersos en una conflictividad parental que les pueden generar ansiedad, estados depresivos y un profundo desequilibrio emocional que les marcará de por vida, viéndose afectado tanto su desarrollo emocional como psicológico.

Por otro lado, el maltrato infantil es importante destacar que abarca un amplio espectro de conductas que pueden ir desde el abuso físico, emocional, hasta la negligencia, el abuso sexual y el abandono. Cada forma de maltrato va a impactar de manera concreta y única en los menores, dejando graves secuelas emocionales a largo plazo en ellos.

Cuando hablamos de interferencia parental nos centramos en el tipo de maltrato emocional, entendiendo este como aquel en el que se da un uso de palabras, gestos o actitudes que causan un daño en la autoestima, la integridad y el desarrollo emocional de los menores. Se incluyen la humillación, la manipulación, la intimidación, el rechazo del hijo común si no piensa y siente como el progenitor que ejerce este abuso emocional, mostrando absoluta indiferencia por las necesidades emocionales del menor y volcando en él responsabilidades que no le corresponden.

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  • Que consecuencias emocionales tiene la Interferencia Parental en los menores

Las consecuencias emocionales que tiene la Interferencia Parental en los menores son devastadoras y se manifiestan de diversas maneras a lo largo de su vida. Los niños que han sido víctimas de maltrato pueden experimentar problemas de autoestima, bajo autoconcepto, dificultades en las relaciones interpersonales, trastornos de ansiedad, pensamientos rígidos, depresión, trastorno de estrés postraumático, problemas de identidad, sentimiento de desarraigo, apego inseguro en las relaciones adultas, etc., en definitiva, secuelas que no les permiten tener un adecuado desarrollo integral.

En el extremo opuesto a las dinámicas de cooperación y comunicación entre progenitores que fomentan el establecimiento de relaciones adecuadas y gratificantes con el menor (coparentalidad), se sitúan aquellas otras que buscan precisamente todo lo contrario y cuya principal manifestación es la denigración de un progenitor por parte del otro generando en el niño graves y profundos daños a largo plazo (Hayden, 1984).

Cuando se da la interferencia parental se crea un entorno de conflicto continuo, que se cronifica, dando lugar a una gran confusión que afecta profundamente la estabilidad emocional del menor. Se inculca en los menores una intensa hostilidad hacia el progenitor rechazado, dejándose llevar por miedo al rechazo por la imagen distorsionada que el progenitor abusador y obstaculizador ejerce sobre ellos. Los niños que son víctimas de estos progenitores que ejercen este abuso sobre ellos pueden experimentar un profundo sentimiento de abandono, confusión, miedo y desconfianza hacia las figuras parentales, aprendiendo modos de afrontamiento y habilidades para la vida que no van a ser funcionales ni adaptativas para su futuro personal y social ni para un desarrollo normalizado de su personalidad.

Esta problemática dificulta la capacidad de los padres para proteger a sus hijos y el fomentar un ambiente seguro y afectivo, lo que puede agravar las situaciones de riesgo a las que están expuestos estos menores, víctimas de la interferencia parental. Como en cualquier abuso, este además se sostiene por otras personas que también caen en las manipulaciones y distorsiones cognitivas de los progenitores abusadores, lo que perpetúa esta lacra y sitúa a los menores en una situación de auténtica desprotección.

Es por ello fundamental concienciar sobre la importancia que tiene proteger y garantizar el bienestar psicoemocional de los menores, reconociendo la gravedad y las consecuencias que tiene esta problemática y promoviendo entornos seguros, sanos y sólidos para su desarrollo integral.

Desde la Coordinación de Parentalidad no sólo prevenimos y detectamos estas situaciones de riesgo, sino que intervenimosen casos en los que haya menores que estén siendo víctimas de la interferencia parental para poder garantizar realmente su protección, garantizándoles un futuro más seguro y saludable en el que se les respete como personas independientes a las necesidades de los progenitores que son capaces de ejercer a toda costa este abuso y maltrato emocional sobre ellos.

Referencias bibliográficas

Hayden, B. (1984). In the best interest of the child: The psychologist as child expert and child advocate. In Müller, Backman y Capman (Eds.), Psychology and law. (pp.12-23). New York: Wiley and sons.

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